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miércoles, 2 de enero de 2013

13.- WORLD WAR Z - AMARILLO, TEXAS, ESTADOS UNIDOS


[Grover Carlson trabaja como recolector de combustible en la planta experimental de bioconversión del pueblo. El combustible que recolecta es excremento. Voy caminando tras el ex-jefe de personal de la Casa Blanca, mientras él empuja su carreta a través de una pradera cubierta de bostas de vaca.]

Pues claro que nos llegó una copia del informe Knight-Warncomosellame, ¿Acaso cree que éramos como la CIA? Lo leímos tres meses antes de que los israelíes hiciesen su declaración pública. Antes de que el pentágono dijera algo, mi trabajo era darle personalmente la información al presidente, y él a su vez dedicó toda una reunión a discutir el mensaje. 

¿Y cuál era? 

Dejar todo lo demás, concentrar los esfuerzos, típica basura alarmista. Recibíamos docenas de esos reportes cada semana, todas las administraciones los recibían, cada uno afirmando que su espanto de turno era “la mayor amenaza para la raza humana.” ¡Vamos! ¿Puede imaginarse qué habría pasado con los Estados Unidos si el gobierno federal hubiese entrado en alerta cada vez que algún loco paranoico gritaba “el lobo” o “el calentamiento global” o “los muertos vivientes”? Por favor. Lo que hicimos, lo que todos los presidentes desde Washington habían hecho, fue dar una respuesta apropiada y mesurada, según un estimado realista de la amenaza. 

Y esos fueron los Equipos Alfa. 

Entre otras cosas. Debido a la baja prioridad que el consejo de seguridad nacional le asignó a todo el asunto, considero que le entregamos una buena parte de nuestros recursos. Editamos un video educacional para los oficiales estatales y locales sobre qué hacer en caso de una infección. El Departamento de Salud y Servicios Humanos subió una página a su sitio Web, indicando a los ciudadanos cómo tratar con sus familiares infectados. Y bueno, ¿qué cree que hicimos al ayudar a que el Phalanx fuese aprobado por la FDA? 

Pero el Phalanx no servía. 

Sí, ¿y sabe cuánto tiempo nos habría tomado crear un medicamento que funcionara? Mire todo el tiempo y dinero que habíamos gastado en la investigación del cáncer, o el SIDA. ¿Acaso le gustaría ser el hombre encargado de decirle al público norteamericano que se están recortando fondos en esas investigaciones para analizar otra enfermedad que la mayoría ni siquiera conoce? Mire todo lo que hemos gastado en la investigación durante y después de la guerra, y todavía no tenemos ni curas ni vacunas. Sabíamos que el Phalanx era un placebo, pero nos sentíamos agradecidos. Mantuvo a la gente tranquila y nos dejaba hacer nuestro trabajo.

¿Qué, acaso esperaba que le dijéramos la verdad a la gente? ¿Que todo aquello no era una nueva cepa de rabia, sino un misterioso super-virus que reanimaba a los muertos? ¿Puede imaginarse el pánico que habríamos provocado: las protestas, los motines, los miles de millones en daños a la propiedad privada? ¿Puede imaginarse a todos esos cobardes senadores impidiendo las acciones de gobierno para tratar de aprobar una complicada e inútil “Ley de Protección a los Zombies” en el Congreso? ¿Puede imaginar el daño que eso le habría ocasionado al capital político de nuestra administración? Estábamos en el año de las elecciones, y la pelea estaba cuesta arriba. Nosotros habíamos sido un “equipo de limpieza,” unos idiotas sin suerte que habíamos tenido que limpiar toda la mierda que había dejado la administración anterior, y créame, ¡en los ocho años anteriores se había formado una enorme montaña de mierda! La única razón por la que habíamos subido al poder era porque el nuevo Gran Jefe había prometido un “regreso de la paz y la prosperidad.” El pueblo norteamericano no se sentiría satisfecho con ninguna otra cosa. Nuestra opinión general era que ya habían pasado por tiempos muy difíciles, y habría sido un suicidio político decirles que se nos venían encima unos años más difíciles aún. 

Así que en realidad nunca trataron de resolver el problema. 

Por favor. ¿Acaso usted puede “resolver” la pobreza? ¿Puede “resolver” la criminalidad? ¿Puede “resolver” los problemas de salud, el desempleo, la guerra, o cualquier otro padecimiento social? Claro que no. Lo mejor que se puede esperar es hacerlos lo más manejables que sea posible para que la gente continúe con su vida. Eso no es cinismo, es madurez. No se puede detener la lluvia. Lo único que se puede hacer es construir un techo y esperar que no tenga goteras, o al menos que las goteras no caigan sobre la gente que va a votar por uno. 

¿Eso qué quiere decir? 

Vamos… 

En serio. ¿Qué quiere decir con eso? 

Está bien, como quiera, don “Carlitos va al maldito Washington,” quiere decir que en la política, uno concentra sus esfuerzos en las necesidades de la población que forma la base de su poder. Ellos están felices, y lo mantienen a uno en el cargo. 

¿Por eso algunos de los brotes fueron ignorados? 

Jesús, lo dice como si nos hubiésemos olvidado de ellos. 

¿Las fuerzas policiales locales le solicitaron ayuda al gobierno federal? 

¿Cuándo los policías no han pedido más gente, mejor equipo, más horas de entrenamiento, o más “programas de extensión a la comunidad”? Esos maricas son casi peores que los soldados, siempre quejándose porque no tienen “lo que necesitan,” ¿pero acaso ellos tienen que arriesgar sus puestos subiendo los impuestos? ¿Acaso les toca explicarle a don Pedro Clasemedia por qué tiene que pagar impuestos para subsidiar a Pablo Clasebaja? 

¿No les preocupaba que todo eso se hiciera público? 

¿Quién iba a hacerlo? 

La prensa, los medios. 

¿Los “medios”? ¿Habla de esas cadenas que le pertenecían a algunas de las corporaciones más grandes del mundo, corporaciones que se habrían hundido si el mercado de valores entraba en pánico? ¿Esos medios? 

¿Entonces ustedes nunca planearon encubrirlo?

No teníamos que hacerlo; ellos mismos se encargaron de encubrirlo. Ellos tenían tanto o más qué perder que nosotros. Además, ellos ya habían dado la gran noticia el año anterior con los primeros casos reportados en Norteamérica. Luego llegó el invierno, el Phalanx salió a la venta, y los casos disminuyeron. Quizá tuvieron que “convencer” a algunos reporteros jóvenes e idealistas, pero en realidad, todo el asunto era una noticia vieja después de unos meses. Se había vuelto “manejable.” La gente ya se había acostumbrado a vivir con esa noticia y querían algo diferente. Las noticias son un negocio, y hay que mantenerse fresco si se quiere seguir teniendo éxito. 

Pero estaban los medios alternativos. 

Sí claro, ¿y sabe quién escucha esos? Niñitos sabelotodos intelectuales y presumidos, ¿y sabe quién los escucha a ellos? ¡Nadie! ¿A quién le iba a importar una minoría en la televisión y radio de acceso público, que no sabían nada de lo que estaba de moda? Entre más gritaban esos sabihondos elitistas que “los muertos vuelven a caminar,” más norteamericanos de verdad dejaban de escucharlos. 

Entonces, déjeme ver si entiendo su posición. 

La posición de nuestra administración. 

La posición de la administración, que fue darle al problema la atención que creyeron que se merecía. 

Sí. 

Porque en todo momento, el gobierno tiene muchos asuntos sobre la mesa, sobre todo en ese momento, porque lo último que deseaban los norteamericanos era otra oleada de terror. 

Ajá. 

Así que consideraron que la amenaza era lo suficientemente pequeña como para ser “manejada” por los Equipos Alfa en ultramar y dándole un entrenamiento básico a los oficiales de este lado. 

Al fin lo entendió. 

Aún a pesar de que habían recibido advertencias indicando lo contrario, que no se podía ocultar al público, y que en realidad era una catástrofe mundial en potencia. 

[El señor Carlson hace una pausa, me dirige una mirada llena de odio, y luego arroja una pala llena de “combustible” a su carreta.] 

Madure de una vez.

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