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miércoles, 2 de enero de 2013

50.- WORLD WAR Z - A BORDO DEL U.S.S. HOLO KAI, CERCA DE LAS COSTAS DE HAWAII

[El Deep Glider 7 parece más un avión de fuselaje doble que un mini-submarino. Me tiendo sobre mi estómago en la cubierta de estribor, mirando hacia el exterior a través de una claraboya frontal gruesa y transparente. Mi piloto, el suboficial mayor Michael Choi, me saluda desde la cubierta de babor. Choi es un marinero de la “vieja escuela,” y es quizá el buzo más experimentado del Equipo de Combate Profundo (ECP) de la Armada Naval de los Estados Unidos. Sus patas de gallo y sien encanecida contrastan fuertemente con su entusiasmo de adolescente. Mientras el barco nodriza nos baja hacia la superficie del Pacífico, creo percibir un rastro de hawaiano en el casi neutral acento de Choi.]

Mi guerra nunca terminó. En el mejor de los casos, podría decirse que se hace cada vez peor. Todos los meses incrementamos nuestras operaciones y aumentamos nuestros recursos materiales y humanos. Dicen que todavía deben quedar entre veinte y treinta millones, que siguen apareciendo de vez en cuando en las playas, o enganchados en las redes de los pescadores. No se puede trabajar en una plataforma petrolera, o reparar un cable trasatlántico, sin encontrarse con un enjambre. Para eso son estas inmersiones: para tratar de encontrarlos, rastrearlos, y predecir sus movimientos, y quizá así tener un poco de ventaja. 

[Atravesamos la superficie con un alarmante golpe. Choi sonríe, revisa sus instrumentos, y alterna las frecuencias de su radio entre la mía y la del barco nodriza. El agua frente a mi se revuelve blanca por un segundo, y luego se torna azul clara cuando empezamos a sumergirnos.] 

¿No me vá a preguntar acerca de escafandras autónomas y trajes de cota de malla contra tiburones, verdad? Porque esa basura no tuvo nada que ver con nuestra guerra. Los arpones, las bengalas y las redes anti-zombies en los ríos… no puedo ayudarle con nada de eso. Si quiere información sobre esas cosas de civiles, hable con los civiles.

Pero los militares sí usaron esos métodos.


Sólo en las operaciones de agua dulce, y fueron los idiotas del ejército. En lo personal, jamás me he puesto un traje de malla ni una careta… bueno… al menos no en combate. En la guerra usábamos exclusivamente el TBA. Traje de Buceo Atmosférico. Es como una mezcla de traje de astronauta y armadura medieval. En realidad, la tecnología es de hace unos doscientos años, cuando a alguien se le ocurrió inventar un barril con una ventana y unos agujeros para sacar los brazos. Después de eso vinieron cosas como el Tritonia y el Neufeldt-Kuhnke. Parecían algo salido de una película de ciencia ficción de los 50s, como “Robby el robot” y esas cosas. Pero todo eso desapareció después… ¿En verdad le sirve esa información?

Sí, por favor… 

Bueno, esa tecnología cayó en desuso cuando inventaron la escafandra autónoma de buceo, y sólo la revivieron cuando los buzos tuvieron que ir hondo, de verdad hondo, para trabajar en las bases de las plataformas petroleras en alta mar. Verá… entre más se baja, mayor es la presión; entre mayor es la presión, más peligroso es usar una escafandra o cualquier otro equipo en el que se respira una mezcla de gases. Uno tiene que pasar días, a veces hasta semanas, en una cámara de descompresión, y si por alguna razón hay que salir rápido a la superficie… se sufren embolias, burbujas de gas en la sangre y en el cerebro… y no hablemos de los riesgos a largo plazo, como la necrosis ósea, por respirar tanto tiempo una mierda que no deberíamos respirar en primer lugar. 

[Hace una pausa para revisar sus instrumentos.] 

La forma más segura de bajar, de ir más profundo y de quedarse abajo más tiempo, es encerrar todo tu cuerpo en una burbuja con la misma presión que la superficie. [Señala el compartimiento que nos rodea.]
Justo como estamos nosotros —seguros, protegidos, y en lo que respecta a nuestros cuerpos, igual que en la superficie. Eso mismo pasa en un TBA, La profundidad y la duración de la inmersión están limitadas sólo por el grosor de la armadura y por el equipo de soporte vital.

¿Entonces es como un submarino personal? 

“Sumergible.” Un submarino puede estar abajo por años, tiene su propio suministro de poder y fabrica su propio oxígeno. Un sumergible sólo puede hacer inmersiones de corta duración, como los de antes de la Segunda Guerra Mundial, o éste en el que estamos. 

[El agua comienza a oscurecerse, volviéndose de un púrpura oscuro.] 

La misma naturaleza de una TBA, el hecho de que es básicamente una armadura, lo hacen ideal para el combate en aguas claras y oscuras. No estoy descontando los otros trajes, ya sabe, los de tiburones y otras cotas de malla. Tienen diez veces más maniobrabilidad, velocidad, y agilidad, pero tienen que restringirse a trabajar en aguas poco profundas, y si por alguna razón un par de esos desgraciados te agarran… Ví un montón de buzos con los brazos y las costillas rotas, y tres con el cuello fracturado. O ahogados… cuando lograban dañar el tubo de aire o les arrancaban el regulador de la boca. Incluso con un casco completo y un traje de neopreno cubierto de malla, lo único que ellos tienen que hacer es agarrarte fuerte, hasta que se te acabe el aire. Muchos tipos terminaron así, o cuando trataban de huir hacia la superficie, y la embolia acababa el trabajo que Zack había comenzado.

¿Le pasaba muy seguido a los buzos con cotas de malla? 

Algunas veces, sobre todo al principio, pero eso nunca nos pasó a nosotros. No teníamos ningún riesgo de sufrir daños físicos. Tanto tu cuerpo como tu equipo de soporte vital están encerrados en una cubierta de aluminio colado o algún material compuesto de alta dureza. Las articulaciones de casi todos los modelos son de acero y aluminio. Sin importar hacia qué dirección te torciera Zack los brazos, si acaso lograba agarrarte bien, lo cual ya era raro considerando lo liso y redondeado que es el traje, era físicamente imposible que te rompiera algún hueso. Si por alguna razón había que salir rápido a la superficie, sólo tenías que soltar el lastre o usar un propulsor, si tenías uno… todos esos trajes tienen una gran flotabilidad. Suben disparados como un corcho. El único riesgo era que Zack se agarrara a ti durante el ascenso. Un par de veces, mis compañeros subieron a la superficie con polizones aferrados al traje, agarrados luchando por sus vidas… o sus muertes. 

[Se ríe.] 

Ese tipo de salida nunca fue necesaria en combate. Casi todos los modelos de TBA cuentan con soporte vital para cuarenta y ocho horas. Sin importar cuántos Gs te rodearan, o que un montón de escombros te cayeran encima, o que tu pierna se enredara en un cable submarino, uno podía simplemente sentarse, cómodo y seguro, y esperar a que llegara la caballería. Nadie entra sólo, nunca, y creo que el máximo que un buzo de TBA tuvo que esperar por apoyo, fue seis horas. Hubo ocasiones, más de las que puedo contar con mis dedos, en las que uno de nosotros quedaba atascado, lo reportaba, y decía que no había ningún peligro inmediato, y que el resto del equipo podía ir a ayudarlo sólo después de que terminaran la misión.

Usted habló de los modelos de TBA. ¿Había más de un tipo? 

Teníamos un montón: civiles, militares, viejos, nuevos… bueno… relativamente nuevos. No podíamos fabricar más unidades durante la guerra, así que tuvimos que trabajar con lo que ya existía. Algunos de los más viejos eran de los 70s, los JIMs y los SAMs. Me alegra no haber tenido que operar nunca en uno de esos. Esos sólo tenían articulaciones libres y pequeñas escotillas en los costados y el frente del casco de metal, en lugar de un visor completo. Al menos así eran los primeros JIMs. Conocí a un tipo del Servicio Naval Especial Británico. Tenía un círculo de ampollas sangrantes alrededor de la entrepierna, en el punto donde que las articulaciones del JIM le pellizcaban la carne. Tremendos buzos esos del SNEB, pero nunca cambiaría mi trabajo por el de ellos. 

Nosotros teníamos los tres modelos básicos de la Marina Norteamericana: el traje rígido 1200, el 2000, y el exoesqueleto Mark 1. Ese era el mío, un exo. ¿Le gusta la ciencia ficción? Esa cosa parecía diseñada para luchar contra las termitas gigantes del espacio. Era mucho más delgado que los trajes rígidos, y tan liviano que uno hasta podía nadar. Esa era la mayor ventaja sobre los rígidos, y sobre todos los demás sistemas de TBA. Ser capaz de operar flotando sobre el enemigo, incluso sin la ayuda de flotadores y propulsores, y eso compensaba de sobra el hecho de que uno no se podía rascar si le picaba en alguna parte. Los trajes rígidos eran lo suficientemente grandes como para que uno metiera los brazos en la cavidad central, y así te permitían operar equipos secundarios.

¿Qué clase de equipos? 

Luces, video, sonares de barrido lateral. Los trajes rígidos eran unidades de trabajo pesado, mientras que los exos eran sólo para respaldo y labores pequeñas. Uno no tenía que preocuparse por un montón de lecturas y de maquinaria. No teníamos la distracción de todas las tareas que tenían que hacer los de los rígidos. El exo era esbelto y sencillo, y te permitía concentrarte en tu arma y en el campo frente a tí.

¿Qué tipo de armas usaban? 

Al principio teníamos la M-9, una especie de copia barata y modificada del APS ruso. Digo “modificada” porque los TBA no tienen nada parecido a manos. Uno tenía garras de cuatro puntas, o simples abrazaderas industriales. Ambas funcionaban bien en el combate cuerpo a cuerpo —sólo había que agarrar la cabeza de un G y apretar— pero era imposible disparar un arma con esas cosas. La M-9 estaba soldada al antebrazo, y se disparaba con un interruptor eléctrico. Tenía una mira láser para precisión, y cilindros de aire comprimido que impulsaban unos dardos de acero de diez centímetros de largo. El principal problema era que estaban diseñadas para operar en aguas poco profundas. A las profundidades en las que trabajábamos, colapsaban como cáscaras de huevo. Casi un año después conseguimos un modelo más eficiente, la M-11, diseñada por el mismo tipo que había inventado los trajes rígidos y el exo. Ojalá que a ese canadiense loco le hayan dado una tonelada de medallas por lo que hizo por nosotros. El único problema fue que DEstRe consideró que la producción era demasiado costosa. Todo el tiempo nos decían que con las garras y nuestras herramientas de construcción, teníamos suficientes armas para manejar a Zack.

¿Qué los hizo cambar de parecer?

Troll. Estábamos en el Mar del Norte, reparando una plataforma noruega de extracción de gas natural, y de pronto llegaron… por supuesto que estábamos esperando algún tipo de ataque —el ruido y las luces de un trabajo de construcción siempre atraían al menos a un puñado de ellos. Pero no sabíamos que teníamos a todo un enjambre cerca. Uno de nuestros centinelas sonó la alarma, nos dirigimos hacia su posición, y de pronto nos vimos inundados. Luchar mano a mano bajo el agua es una cosa horrible. La arena del fondo se remueve, uno no vé absolutamente nada, es como pelear dentro de un vaso de leche. Los zombies no se mueren así sin más cuando uno los aplasta, casi todo el tiempo se despedazan, fragmentos de hueso, músculo, órganos y cerebro, mezclados con la arena que dá vueltas a tu alrededor. Los niños de estos días… maldita sea, ya sueno como mi papá, pero es cierto, los niños de estos días, los nuevos buzos de TBA con sus Mark 3 y 4, tienen estos “EDVCs” —Equipos de detección para visibilidad cero— con representación visual de sonar y equipos de visión nocturna. La imagen digital es superpuesta en una pantalla transparente fijada en el visor, como en la cabina de un avión de combate. Súmele a eso un par de hidrófonos en estéreo, y se tiene una ventaja sensorial sobre Zack. Las cosas no eran así cuando yo trabajé con los exo. No podíamos ver, no podíamos escuchar —ni siquiera podíamos sentir si un G nos estaba agarrando por la espalda.

¿Por qué? 

Porque una de las fallas fundamentales de cualquier TBA es un total aislamiento táctil. El simple hecho de que el traje sea una coraza rígida, implica que uno no puede sentir nada del mundo exterior, ni siquiera si un G te tiene bien agarrado. A menos que Zack esté tirando con fuerza, tratando de halarte o darte la vuelta, uno no lo nota sino hasta que su cara está frete a la tuya. Esa noche en Troll… las luces de los cascos sólo consiguieron empeorar el problema, dibujando un haz de luz que proyectaba las sombras de sus manos y cabezas muertas. Esa fue la única vez que sentí escalofríos… no miedo, como le expliqué antes, sino escalofríos, manoteando entre una nube de tiza disuelta, y viendo de repente una cara podrida apretada contra mi visor. 

Los buzos civiles de las plataformas petroleras no volvieron al trabajo, ni siquiera bajo amenazas, hasta que nosotros, sus escoltas, estuvimos mejor armados. Ya habían perdido suficientes hombres, atacados en medio de la oscuridad. No me imagino cómo era eso. Estar metido en uno de esos trajes de neopreno, trabajando casi por completo a oscuras, con los ojos ardiéndote por la luz de la soldadura autógena, con el cuerpo dormido por el frío, o quemado por el agua caliente que bombeaban a través de las tuberías. De pronto sientes unas manos sobre tí, o dientes. Forcejeas, pides ayuda, tratas de pelear o de nadar mientras tiran de tí. A veces, lo único que regresaba a la superficie eran unos pedazos del traje, o una línea de seguridad rota. Por eso el ECP se convirtió en una división oficial de la armada. Nuestras primeras misiones fueron para proteger a los obreros de las plataformas, para seguir extrayendo petróleo. Luego nos expandimos con tareas como asegurar las playas y limpiar los puertos.

¿A qué se refiere con asegurar las playas?

Básicamente, era ayudar para que los marines pudieran desembarcar vivos. La cosa más importante que aprendimos en Bermuda, nuestro primer desembarque anfibio, fue que la playa era atacada constantemente por Gs que salían de entre las olas. Había que establecer un perímetro, una red semicircular alrededor del área de desembarco, a suficiente profundidad para que los barcos pudieran pasar sobre ella, pero lo suficientemente alta para contener a Zack. 

Eso era lo que hacíamos nosotros. Dos semanas antes de la fecha del desembarco, una nave echaba anclas a algunos kilómetros mar adentro y comenzaba a barrer con su sonar activo. Eso era para atraer a Zack y alejarlos de las playas.

¿Pero el sonar no atraía a los Zombies de aguas más profundas? 

El duro nos dijo que eso era un “riesgo aceptable.” Supongo que no tenían ninguna idea mejor. Por eso era un trabajo para los TBA, demasiado arriesgado para buzos con trajes flexibles. Uno sabía que se estaba formando una horda bajo ese barco, y que una vez que apagaran el sonar, uno sería el único objetivo cercano. Pero en realidad fue lo más parecido que tuvimos a unas vacaciones. La frecuencia de los ataques fue la más baja que habíamos registrado, y cuando la red estuvo lista, su tasa de éxito fue casi perfecta. Sólo se necesitaba una pequeña patrulla para vigilarla constantemente, y quizá despacharse a uno que otro G que trataba de subir por la red. En realidad no nos necesitaban para una operación como esa. Después de los primeros tres desembarcos, siguieron usando buzos con cotas de malla.

¿Y la limpieza de puertos?

Esas sí que no fueron vacaciones. Eso fue en las etapas finales de la guerra, cuando no se trataba sólo de despejar una playa, sino de rehabilitar los puertos para el transporte y el comercio. Eran operaciones gigantes y conjuntas: buzos convencionales, unidades de TBA, incluso voluntarios civiles equipados sólo con carteas y arpones. Yo ayudé a limpiar Charleston, Norfolk, Boston, el maldito Boston, y la madre de todas las pesadillas submarinas, la Ciudad de los Héroes. Yo sé que los soldados se quejan de lo malo que era pelear en una ciudad, pero imagínese cómo era en una ciudad submarina, una ciudad formada por barcos hundidos, autos, aviones y toda la basura que se pueda imaginar. Durante la evacuación, cuando un montón de barcos mercantes estaban tratando de abrir todo el espacio posible para los refugiados, muchos simplemente lanzaron su carga por la borda. Sofás, hornos, montañas y montañas de ropa. Los televisores de plasma siempre se rompían cuando uno les caminaba por encima, y siempre me imaginaba que eran huesos. También me imaginaba que veía a Zack detrás de cada lavadora y secadora, trepando sobre cada montaña de aires acondicionados. Algunas veces era sólo mi imaginación, pero otras veces… lo peor… lo peor era tener que limpiar un barco hundido. Siempre había algunos que se habían hundido saliendo del puerto. Uno que otro, como el Frank Cable, esta enorme plataforma móvil para el mantenimiento de submarinos, habían naufragado cuando apenas se estaba alejando de la orilla. Antes de poder subirla, teníamos que hacer un barrido compartimiento por compartimiento. Esa fue la única vez que sentí que mi exo era un estorbo, una mole gigante. No me golpeé la cabeza con el dintel de todas las puertas, pero sentía que estaba a punto de hacerlo todo el tiempo. Muchas de las compuertas estaban bloqueadas por escombros. Teníamos que abrirnos paso entre la basura, o por las cubiertas y a través de las escotillas. Algunas cubiertas habían quedado debilitadas por algún impacto o la corrosión. Estaba pasando a través de un corredor sobre el cuarto de máquinas del Cable, cuando el piso se derrumbó bajo mi peso. Antes de poder salir nadando, antes siquiera de poder pensar… había cientos de ellos en el cuarto de máquinas. Estaba rodeado, ahogándome en un mar de piernas, brazos y pedazos de carne. Si tuviera una pesadilla recurrente, y no digo que la tenga, porque no, pero si la tuviera, sería estar metido otra vez allí, sólo que completamente desnudo… esa sería. 

[Me sorprende lo rápido que llegamos al fondo. Parece una llanura desértica, con un leve brillo blanco entre la permanente oscuridad. Veo fragmentos de corales tubulares por todas partes, rotos y pisoteados por los muertos vivientes.] 

Ahí están. 

[Volteo para ver el enjambre, más o menos unos sesenta de ellos, caminando entre la eterna noche de aquel desierto.] 

Y aquí vamos nosotros. 

[Choi maniobra hasta ponernos sobre ellos. Ellos tratan de alcanzar nuestras luces, con los ojos abiertos y las mandíbulas frenéticas. Puedo ver el suave resplandor del rayo láser, mientras se enfoca sobre nuestro primer objetivo. Un segundo después, un pequeño dardo sale disparado hacia su pecho.] 

Uno… 

[Luego enfoca el rayo en un segundo espécimen.] 

Dos… 

[Sigue recorriendo el enjambre, disparándole a cada uno con un tiro que no es letal.] 

Me muero de las ganas de matarlos. Es decir, ya sé que la idea es estudiar sus movimientos, y así poder organizar un buen sistema de alarmas. Ya sé que si tuviéramos los recursos para acabar con todos ellos lo haríamos. Pero… 

[Dispara el sexto dardo. Al igual que los demás, su objetivo ignora por completo el pequeño agujero que éste abre en su esternón.] 

¿Cómo lo hacen? ¿Cómo es que siguen por aquí? Nada en este mundo corroe tanto como el agua de mar. Estos Gs deberían haberse podrido antes que los de tierra firme. Sus ropas sí desaparecieron, cualquier cosa orgánica, como tela o cuero. 

[Las figuras de abajo están completamente desnudas.]

¿Entonces por qué no se pudren ellos? ¿Es la temperatura de las profundidades, o la presión? ¿Y cómo es que tienen tanta resistencia a la presión? A esta profundidad, el sistema nervioso de un humano se convertiría en gelatina. Ni siquiera deberían estar de pié, mucho menos caminar y “pensar” o lo que sea que ellos hacen en vez de pensar. ¿Cómo lo logran? Estoy seguro de que alguien por allá arriba tiene las respuestas, y que la única razón por la que no me lo dicen es… 

[De pronto se distrae con una luz parpadeante en su tablero de instrumentos.] 

Hey, hey, hey. Mire esto. 

[Observo mi propio tablero. Las lecturas son incomprensibles.] 

Tenemos uno caliente, con una lectura de radiación bastante alta. Debe venir del Océano Índico, de Irán o Pakistán, o quizá de ese submarino chino que hundieron en Manihi. ¿Qué le parece? 

[Dispara otro dardo.] 

Tiene suerte. Esta es una de nuestras últimas inmersiones de reconocimiento tripuladas. A partir del próximo mes, serán puros VCR, vehículos operados 100% a control remoto.

Ha habido mucha controversia sobre el uso de los VCR para el combate.

Eso nunca ocurrirá. El Esturión tiene mucha influencia. Ella nunca dejará que el Congreso nos reemplace por robots.

¿Hay alguna validez en esos argumentos? 

¿Qué quiere decir? ¿Que si los robots son mejores combatientes que unos buzos en TBAs? Claro que no. Todo eso de “limitar la pérdida de vidas humanas” es pura mierda. Nunca perdimos un solo hombre en combate, ¡ni uno! Ese tipo del que todos hablan, Chernov, se murió después de la guerra, en tierra firme, porque se emborrachó y se quedó dormido en las vías de un tren. Jodidos políticos. 

Quizá los VCRs son más rentables, pero nunca serán mejores. Y no me refiero sólo a la cuestión de la inteligencia artificial; hablo del corazón, el instinto, la iniciativa, todo lo que nos hace lo que somos. Por eso sigo aquí, igual que el Esturión, y que casi todos los veteranos que se echaron al agua durante la guerra. Casi todos seguimos trabajando porque hay que hacerlo, porque nadie ha podido inventarse un circuito y unos datos que nos reemplacen. Créame, cuando lo hagan, no sólo no voy a volver a ponerme un exotraje, sino que voy a retirarme del ejército y a hacer un Alfa-Alfa-Noviembre.

¿Qué es eso?

Es por Acción en el Atlántico Norte, una vieja película de guerra en blanco y negro. Hay un tipo en ella, ¿Recuerda al “Skipper” de La Isla de Gilligan? Es su padre.Él decía algo en la película…“Voy a cargar un remo sobre mi hombro y a internarme en tierra firme. Y en el primer lugar en que alguien me pregunte „¿Qué es esa cosa que llevas en el hombro?‟ ahí voy a quedarme por el resto de mi vida.”

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