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jueves, 3 de enero de 2013

00.- WORLD WAR Z - INTRODUCCIÓN


Le dan muchos nombres: “La Crisis,” “Los Años Oscuros,” “La Plaga que Camina,” y también nombres más nuevos y de moda como “Guerra Mundial Z” o “Primera Guerra Z.” En lo personal me disgusta ese último título, pues sugiere una inevitable “Segunda Guerra Z.” Para mí, siempre será “La Guerra Zombie,” y aunque algunas personas pueden discutir acerca de la exactitud científica de la palabra zombie, me gustaría invitarlos a encontrar otro término que tenga una aceptación tan universal para las criaturas que estuvieron a punto de provocar nuestra extinción. Zombie sigue siendo una palabra devastadora, con un poder sin igual para conjurar un sinfín de recuerdos y emociones, y son precisamente esos recuerdos y emociones los que forman el tema principal de este libro. 

Este registro del más grande conflicto en la historia de la humanidad le debe su existencia a un conflicto mucho más pequeño y personal que tuve con la directora de la Comisión de las Naciones Unidas para el Reporte Posterior a la Guerra. Mi trabajo inicial para la Comisión no era para nada una tarea realizada por simple amor al arte. Mis gastos de viaje, mi autorización de seguridad, mi ejército de intérpretes, tanto humanos como electrónicos, y también mi pequeño pero invaluable aparato de transcripción activado por voz (el más grande regalo que el digitador más lento del mundo puede desear), todas eran muestras del valor y el respeto que tenía mi trabajo en este proyecto. Es por eso que no necesito expresar la enorme sorpresa que me llevé cuando vi que casi la mitad de ese trabajo había sido omitido del reporte final. 

“Es demasiado personal,” dijo la directora durante una de nuestras “animadas” discusiones. “Demasiadas opiniones, demasiados sentimientos. Eso no es lo que nos interesa en este reporte. Necesitamos hechos claros y números, datos que no estén contaminados por el factor humano.” Desde luego, tenía razón. El reporte oficial debía ser una recolección de datos claros y concretos, un reporte objetivo “después de” que permitiera a las generaciones futuras estudiar los eventos de la década del apocalipsis sin la influencia del “factor humano.” ¿Pero acaso no es el factor humano lo que nos conecta profundamente con nuestro pasado? ¿Acaso a las generaciones futuras les interesarán más los números y las estadísticas, que los recuerdos personales de unos individuos parecidos a ellos? ¿Al excluir el factor humano, no nos estamos desligando emocionalmente de nuestra historia y, que Dios no lo permita, quizá arriesgándonos a repetirla algún día? Y a fin de cuentas, ¿no es el factor humano lo único que nos diferencia del enemigo al que ahora nos referimos como “los muertos vivientes”? Le presenté estas razones, quizá de una manera menos profesional de lo adecuado, a mi “jefa,” quien después de mi exclamación final de “no podemos dejar morir estas historias,” respondió inmediatamente diciendo, “Entonces no lo hagas. Escribe un libro. Todavía tienes todas tus notas y la libertad legal de utilizarlas. ¿Quién te está impidiendo que mantengas estas historias vivas en las páginas de tu (obscenidad editada) libro?”

Sin duda, algunos críticos se ofenderán con el concepto de un libro de vivencias personales editado tan poco tiempo después del fin de las hostilidades. Después de todo, sólo han pasado doce años desde que el “Día VA” fue declarado en el territorio continental de los Estados Unidos, y menos de una década desde que la última potencia mundial celebró su liberación con el “Día de la Victoria China.” Dado que muchos consideran que el Día VC es el final oficial de la guerra, ¿cómo es posible tener una perspectiva real, en palabras de uno de mis colegas de la ONU, “cuando hemos estado en paz apenas el mismo tiempo que estuvimos en guerra?” Es un argumento muy válido, y necesita una respuesta. En el caso de esta generación, los que lucharon y sufrieron para darnos esta década de paz, el tiempo es tanto un enemigo como un aliado. Seguro, los años venideros traerán una mayor introspección, agregando una mayor sabiduría a los recuerdos de un mundo maduro en la posguerra. Pero muchos de esos recuerdos ya no existirán, atrapados en unos cuerpos y espíritus demasiado viejos o enfermos como para cosechar los frutos de su victoria. No es ningún secreto que la expectativa de vida global es una mera sombra de lo que era antes de la guerra. Con toda la desnutrición, la polución, la reaparición de enfermedades que se consideraban erradicadas, incluso en los Estados Unidos, a pesar del actual resurgimiento económico y el sistema de seguridad universal en salud; simplemente no hay suficientes recursos para atender todas las secuelas físicas y psicológicas. Es por ese gran enemigo, el tiempo, que decidí prescindir de la posibilidad de una mayor introspección y publiqué los relatos de estos sobrevivientes. A lo mejor en unas cuantas décadas, alguien emprenderá la tarea de recolectar las memorias de unos sobrevivientes más viejos y quizá más sabios. Quizá entonces yo sea también uno de ellos. 

Aunque este es principalmente un libro de relatos, incluye muchos de los detalles tecnológicos, sociales, económicos, y demás incluidos en el reporte original enviado a la Comisión, ya que están estrechamente relacionados con las historias y las voces registradas en estas páginas. Este libro es de ellos, no mío, y traté de mantenerme como una presencia lo más invisible que me fue posible. Las preguntas mías que aparecen en el texto están allí sólo para ilustrar aquellas preguntas que los lectores podrían haberse realizado. He tratado de reservarme cualquier juicio de valor, o comentario de cualquier tipo, y si hay algún factor humano que deba ser removido del texto, que sea el mío.

1 comentario:

  1. gracias por tomate la molestia de subir el libro. Esta muy chido. Nada que ver con la pelicula.

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