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miércoles, 2 de enero de 2013

55.- WORLD WAR Z - KHUZHIR, ISLA OLKHON, LAGO BAIKAL, SAGRADO IMPERIO RUSO

[Una enfermera interrumpe nuestra entrevista para asegurarse de que María Zhuganova se tome sus vitaminas prenatales. María tiene cuatro meses de embarazo. Éste será su octavo hijo.] 

Lo único que lamento fue que no pude seguir en el ejército cuando comenzó la “liberación” de nuestras antiguas repúblicas. Libramos a la Madre Patria de la peste de los muertos, y había llegado la hora de seguir con la guerra más allá de nuestras fronteras. Desearía haber estado allí el día en que recuperamos Bielorrusia para el Imperio. Dicen que pronto reclamarán Ucrania, y después de eso, quién sabe qué más. Desearía haber participado de todo eso, pero tenía “otros deberes”… 

[Suavemente, se acaricia el vientre.] 

No sé cuántas clínicas como ésta hay en toda la Patria, pero no las suficientes, de eso sí estoy segura. Quedamos muy pocas mujeres jóvenes y fértiles, las que no caímos por culpa de las drogas, el SIDA, o la plaga de los muertos vivientes. Nuestro líder dice que el arma más poderosa que una mujer rusa puede esgrimir en esta guerra es su vientre. Y si eso significa que no puedo conocer a los padres de mis hijos, o… 

[Sus ojos se clavan en el piso por un momento.] 

… o a mis hijos, no importa. Soy útil a la Patria, y la sirvo de todo corazón. 

[Me mira a los ojos.] 

¿Se pregunta cómo es que esta “vida” puede estar de acuerdo con las creencias de nuestro nuevo estado fundamentalista? Bueno, no lo piense más, porque no lo está. Todo ese dogma religioso es para las masas. Es el opio para mantenerlos en calma. No creo que ninguno de los líderes, ni entre la Iglesia, crean en todo lo que predican. Quizá sólo un hombre lo creía, el viejo padre Ryzhkov, antes de que lo exiliaran. Él ya no tenía nada más que ofrecer, pero yo sí. Todavía puedo darle unos cuantos hijos más a la Patria. Por eso me tratan tan bien, y me permiten hablar con toda libertad. 

[María observa el espejo de doble cara a mis espaldas.] 

¿Qué me van a hacer? Para cuando ya no les sea útil, habré vivido más que casi cualquier mujer por acá. 

[Le dirige un gesto obsceno al espejo.]

Además, ellos quieren que usted escuche esto. Por eso lo dejaron entrar a nuestro país, para escuchar nuestras historias, para hacer preguntas. A usted también lo están utilizando, ¿no vé? Su misión será contarle al mundo, hacerles ver lo que les pasará si se meten con nosotros. La guerra nos empujó de vuelta a nuestras raíces, nos hizo recordar lo que significa ser rusos. Somos fuertes otra vez, otra vez más nos tienen miedo, y para los rusos, eso sólo quiere decir una cosa, ¡que por fin estamos seguros! Por primera vez en casi cien años, podemos dormir tranquilos bajo el puño protector de un César, y estoy segura de que sabe muy bien cómo se dice César en ruso.

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