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miércoles, 2 de enero de 2013

58-. WORLD WAR Z - TROYA, MONTANA, ESTADOS UNIDOS

[La señora Miller y yo estamos en el balcón trasero, mirando unos niños que juegan en el patio central.] 

Puede culpar a los políticos, a los hombres de negocios, a los generales, a la “maquinaria,” pero en realidad, si hay que culpar a alguien, cúlpeme a mí. Yo soy Norteamérica, yo soy la maquinaria. Ése es el precio de vivir en una democracia; todos tenemos que asumir la culpa. Entiendo por qué China se demoró tanto en aceptarla, y por qué Rusia lo mandó todo al diablo y volvieron a lo que sea que tienen ahora. Debe ser agradable el poder decir, “no me miren a mí, yo no tengo la culpa.” Pero sí. Fue mi culpa, y también la culpa de todos los de mi generación. 

[Mira a los niños.] 

Me pregunto qué dirán las generaciones futuras sobre nosotros. Mis abuelos sufrieron la Depresión, la Segunda Guerra Mundial, pero al regresar a casa construyeron la mejor clase trabajadora de todo el mundo. Dios sabe que no eran perfectos, pero vivieron mejor que nadie el Sueño Americano. Luego llegó la generación de mis padres y lo jodió todo —los del baby boom, la generación egoísta. Y luego vinimos nosotros. Sí claro, nosotros detuvimos la amenaza de los zombies, pero también fuimos nosotros los que permitimos que se convirtieran en una amenaza. Al menos recogimos nuestro propio desorden, y quizá ese es el mejor epitafio al que podemos aspirar. “La Generación Z, recogieron su propio desorden.”

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